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Fe y Ética

Un trabajo para la Cuaresma
Iglesias ocupan 40 días antes de la Pascua para llevar a cabo sus misiones

Foto de voluntarios  
Por Yonat Shimron, reportero del Staff

Alex Richbourg casi siempre renuncia a algo durante la Cuaresma  -- chocolate o café.

Pero este año, este hombre de 41 años programador de sistemas para Apex, decidió dar algo de sí mismo.   

Así, Alex junto con otros 17 miembros de la Iglesia del Buen Pastor de Raleigh, pasó una semana en México construyendo una casa para una familia de escasos recursos.   

Que Alex supiera muy poco español y que no tuviera prácticamente ninguna experiencia en construcción no tuvo mayor importancia.  Llegó con las manos dispuestas y el corazón abierto.    

"Estar ahí, haciendo trabajo físico junto con la gente, ver cómo se iba levantando la casa – realmente me sentí muy bien" dijo Richbourg. "Levantamos muros, y simbólicamente, también derribamos muros".

Este viaje a la pequeña comunidad campesina de Pahuacán, unas cuantas horas al sur de la ciudad de México, fue la primera misión fuera de los Estados Unidos de esta iglesia urbana.   Sin embargo, corresponde a una misión más grande, común a todas las Iglesias Cristianas: emplear los 40 días de la Cuaresma, tiempo de arrepentimiento y reflexión que conmemora los 40 días que Jesús pasó en el desierto, como una oportunidad para dar algo a los demás.

El objetivo del Proyecto de Cuaresma 2008 fue ambicioso.  Cuatro diócesis Episcopales  –tres en Carolina del Norte y una en Virginia– se plantearon la labor de construir 40 casas durante los 40 días de la Cuaresma, aún sabiendo que las comunidades en las que iban a trabajar estos miembros de las diócesis Episcopales, carecen de la capacidad para recibir a tantas personas en tan poco tiempo.    

No obstante, el 23 de marzo, una vez terminada la Cuaresma, el Domingo de Pascua, el fruto de su esfuerzo fue evidente: 16 nuevos hogares construidos por los Episcopalianos de Carolina del Norte y Virginia en colaboración con Hábitat para la Humanidad Internacional.  Las iglesias participantes, que incluyeron 8 de la Diócesis Episcopal de Carolina del Norte que abarca la región de Piedmont, donaron también una cantidad considerable de dinero.   

Por cada casa de ladrillo horneado –con una superficie aproximada de 150 metros cuadrados, un baño y cocina— las iglesias aportaron $8,000 dólares; a su vez, Hábitat y las familias mexicanas contribuyeron con $4,000 dólares adicionales cada una

Las jornadas de trabajo, de 9 a.m. a 5 p.m. cada día, consistían en hacer la mezcla de cemento y mortero, extenderla y colocar los ladrillos, que semejan bloques de hormigón.  Trabajadores de la construcción profesionales trabajaron conjuntamente con las brigadas supervisando el trabajo.  Cada una de las familias beneficiarias del programa, contribuyó también con su cuota de trabajo.  Una mujer de una comunidad cercana cocinaba para los integrantes de las brigadas y servía las comidas en su casa.

Un cambio en los papeles

"Nos mostraron abiertamente su vida y nos recibieron como si fuéramos de su familia”, comentó Emmita Lyford, de 23 años, directora de los ministerios para jóvenes y los grupos de jóvenes que participaron en el viaje.  “Para un grupo de personas que cinco días antes eran unos extraños, es una experiencia muy intensa."

Muchos integrantes del grupo no tardaron en percibir el cambio en los papeles.  Muchos mexicanos van a Estados Unidos a trabajar en la construcción.  Estos americanos llenos de fe se encaminaron hacia México para contribuir con su trabajo físico, construir casas y estrechar lazos.   

Lyford, que domina el español, nos contó cómo los ojos de una niña se llenaron de  lágrimas cuando le platicó que hacía cuatro años que no veía a su papá que se había ido a trabajar a Estados Unidos para poder mantener a su familia.  .

"Pude darme cuenta de cómo afecta eso a una familia" dijo Lyford.

Los voluntarios, de entre 20 y 65 años de edad, expresaron que con gusto regresarían el año próximo.  La experiencia, comentaron, fortaleció su comprensión sobre la ardua lucha por salir adelante de muchos mexicanos, quienes al igual que las familias con las que colaboraron, siembran maíz en sus parcelas para sobrevivir.  

El domingo, miembros del equipo que participó en el proyecto proyectarán una presentación  de su viaje a sus hermanos de la iglesia del Buen Pastor.  Del otro lado de la ciudad, otros 10 integrantes de la Iglesia Episcopal de San Marcos habrán aterrizado en México como parte de su ejercicio de construcción en México.   

El reverendo Robert Sawyer, rector del Buen Pastor, quien también participó en el viaje, dijo que planeaba preparar su mensaje de Pascua basándose en su experiencia en México.   

En Pascua, dijo Sawyer, los cristianos celebran la resurrección de Jesús.   

"Pude experimentar ese hecho de una manera distinta" comentó.  "Después de esta misión, puedo decir convencido que vi a  Jesús en los otros, en la alegría de los niños, en la hospitalidad que nos brindaron, en construir juntos.  Fue un acontecimiento transformador para cada una de las personas del grupo”.     

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