Historias de vida

FERNANDO RICO NÚÑEZ fue un niño de cinco años, originario del Ejido Santa Rosa, que con la muerte de su padre migró con sus cuatro hermanos y su madre a Ciudad Victoria. Desde entonces no ha dejado de trabajar, siendo como vendedor de periódicos, cuidador de ganado e irrigador de cultivos de caña. Su prioridad fue apoyar a su familia. A los 23 años conoció a su esposa, con quien tuve doce hijos. Todos estos años había tenido que vivir en una casa ajena. “Me sentía muy mal porque no tenía dinero, ni un patrimonio que ofrecerle a mi esposa e hijos; ya no quería estar de arrimado (…). Fue en ese momento cuando apareció Hábitat para la Humanidad México A.C.; no dude ni un momento en aprovechar esa oportunidad y construir mi vivienda. Me siento bendecido de que pude conseguir uno de mis sueños: Tener MI CASA.”

FERNANDO RICO NÚÑEZ, Tamaulipas

 

 

LEOPOLDINA BOLAÑOS AVELINO es una mujer de Mezcala, Guerrero. Por años vivió con sus hijos en una casa de carrizo y lámina: “Mi casa era una laguna, entraba demasiada agua y corría mucho viento, por la noche mis hijos lloraban al ver como la lluvia mojaba la ropa, el maíz y todo lo que teníamos adentro. Tuve la oportunidad, con otras 14 familias de construir mi propia casa”.
“MI CASA CAMBIÓ POR COMPLETO MI VIDA. Ahora tengo 4 cuartos para mí y mis hijos, y hasta una estufa de Patsari, con la que cocino bien para alimentar a mis hijos. En la comunidad estamos muy contentos y felices. Nosotros le agradeceremos eternamente al programa de Hábitat para la Humanidad México”.

LEOPOLDINA BOLAÑOS AVELINO, Guerrero

 

 

La Sra. Rosa Varo es de la comunidad de Alpoyeca, en el estado de Guerrero. Desde su infancia vivió en situación de pobreza. Se casó a temprana edad y como su esposo nunca pudo construir una casa se dedicó a cuidar de sus hijos viviendo en lugares prestados o rentados. Por años intentó obtener su vivienda por medio de distintos programas pero nada se concretó. Actualmente vive de la venta de frutos y de lo que sus hijos le pueden dar, para quienes había soñado con tener su casita y brindarles un hogar donde vivir.
Rosa ya contaba con un poco de material y pensaba en ir construyendo poco a poco una casa, con el apoyo de su hijo que es albañil. Una sobrina le comentó de Hábitat para la Humanidad y la motivó a que asistiera a las reuniones para recibir asesoría gratuita. Es así como después de varios intentos y con su esfuerzo y dedicación ahora cuenta con una vivienda que la ayudará a cumplir su sueño de ser dueña de una casa para ella y su familia.
“Tristemente desde que tengo uso de razón nunca tuve una casa, siempre anduve de casa en casa, mirando gestos y desprecios. Cuando tenía 2 años de casada tuve la oportunidad de construir una letrina pero el terreno no era mío y el proyecto ya no se realizó para mí.
Ahora a mis 62 años, mi sueño se ha finalizado. Les agradezco de todo corazón por haberme ayudado a cumplir mi sueño de decir ¡tengo mi casa!
Le pido a Dios que me deje vivir por muchos años más para poder disfrutar de mi casa.
¡Gracias!”

ROSA VARO, Guerrero

 

 

He vivido aquí, en La Candelaria desde 1988. Mi familia son mi esposa y mis siete niños. Aquí muchos nos dedicamos a la carpintería o la albañilería, otros son buenos para reparar carros o para otro tipo de cosas. Mi esposa Lucía se dedica al hogar, cuida a los niños y ellos le ayudan a sembrar maíz, frijol y papas para el consumo diario.
Antes vivíamos en una casa de adobe, dormíamos en una sola habitación y el baño estaba afuera; con una tabla separamos el área de dormir de la cocina, estábamos bien pero algo amontonados.
Poco a poco fui consiguiendo material y construí una casa de madera con techo de lámina, aquí teníamos un poco más de espacio pero el problema que notaba es que no podíamos dormir en noches de lluvia por el ruido que hacía, además se metía el agua. Con apoyo de Hábitat para la Humanidad México construí una casa de losa para toda la familia.
Hubieron muchos cambios, recuerdo que cuando mi esposa cocinaba en fogón notábamos que el humo permanecía mucho tiempo dentro de la casa y nos preocupaba la salud de nuestros hijos, además gastábamos bastante leña. Con la estufa que ahora tenemos además de gastar menos el humo sale por el tubo de la chimenea. Mis hijos tienen su propio cuarto y un lugar para estudiar, ellos me preguntaban si algún día tendrían su propio espacio para dormir y yo les decía que me esperaran, me sentía un poco presionado pero ahora todo es distinto. Todos nos sentimos contentos, a mi esposa y a mis hijos los noto felices por su nuevo hogar.

JAVIER DE LA CRUZ, Chiapas

 

 

Con los fuertes vientos todos sufríamos por el frío, la tierra se metía a la casa; en temporadas de lluvia todos nos preparábamos para las inundaciones, el agua se metía también por los agujeros del techo y se hacía mucho lodo. Con las lluvias perdíamos los muebles y demás cosas, los niños se enfermaban y nosotros no estábamos tranquilos.
Intentamos ahorrar durante mucho tiempo, pero ya sea necesidades de la casa o por atención médica para Abraham los ahorros se consumían. Sin embargo no desistimos de nuestro objetivo, hasta que se supimos del apoyo de Hábitat para la Humanidad México, fue cuando nos sumamos al proyecto de Vivienda para Personas con Discapacidad, y comenzamos a hacer realidad nuestro sueño: Una vivienda segura para mi familia y con los espacios necesarios para atender las necesidades de mi hijo Abraham.
Ahora, con la nueva casa todos estamos muy contentos; es muy amplia y por eso Abraham puede moverse por todos lados y anda muy feliz; a mí me gusta mi cocina, tiene ventanas grandes por las que entra mucha luz; mis niños quieren pasar más tiempo en la casa.
Mi esposo y yo estamos muy agradecidos por la ayuda que Hábitat para la Humanidad México nos ha brindado, siempre le pedí a Dios que me ayudara con una casa, y entonces se me abrió una puerta: Dios los mandó a ustedes. Sé que con esta nueva casa mis hijos y mi familia tendrán una mejor vida.

NOEMÍ HERNÁNDEZ, Tamaulipas

 

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